Dani Dan

20080402

Vladimir Galatsky......una pasada



Jueves Santo 20:28, me encuentro caminado por Jaime III un día cuya actividad supera lo habitual. Cruzo una avenida importante, y me sitúo en carrer Catalunya. Sin pensarlo, me encuentro en el interior de un gran vernisage, realizado en un espacio versátil en el que se evidencia el desarrollo de dos actividades concurrentes. Seguramente llegue allí atraído por una multitud de gente que desborda el local invadiendo la acera. Supe después que se trataba de la Galería de arte Minker. Deduje que durante el día amen de realizar sus actividades inmobiliarias brinda a sus clientes la posibilidad de disfrutar de buen arte. El primer protagonista “Vladimir Galatsky”, su exposición es digna de visitarla, un pecado perdérsela. El primer impacto frente a su obra me trajo a la memoria aquella muestra que organizara en Buenos Aires el Museo Nacional de Bellas Artes en homenaje a Chagall “La Biblia”. Hay en Galatsky una frescura especial, un mensaje renovado de lo sublime, una vivencia de lo sagrado. Comparte con Chagall la fuerza de la comunicación y la claridad de contenido pero con un lenguaje propio y singular. Oficio que solo poseen aquellos que han cultivado durante años una técnica capaz de introducir en cada una de nuestras células el sentir y la emoción. Siempre he dicho que al arte hay que vivirlo, experimentarlo, sentirlo, vibrarlo y no me cansaré de repetirlo. Es necesario que dejemos las palabras a la ciencia para disfrutar de la dimensión del arte. Todo intento por explicar la obra de Galatsky solo lograría desplazar su verdadero significado para transmutarlo en una mera racionalización, una tergiversación de su esencia. El código inscripto en su propia obra hace que pierda significado cualquier intento de comprensión desde cualquier interfase. Convergen en la obra de Galatsky una mezcla de espontaneidad y elaboración, inocencia y profesionalidad, adolescencia y madurez; posee la virtud de haber logrado mantener en equilibrio la vivacidad y frescura de un artista joven con la experiencia y sabiduría de años de experiencia, sin perder su espíritu. La obra tiene un mensaje inscripto en su propia composición que solo conmoverá a aquel que se permite acceder sin segundas intensiones. La curadora, conocedora de este aspecto esencial de Galatsky, se limitó a dar la información biográfica al solo efecto de contextualizar la obra. Su justa y oportuna intervención logro convocar a las mentes presentes creando un clima cálido y acogedor. En síntesis y para terminar, la obra de Galatsky contiene un simbolismo propio, un mensaje personal. Encierra una larga trayectoria que se ve expresada claramente en la maestría de la composición y contenido de su mensaje. Pese a su dilatada experiencia no ha perdido la inocencia, ha ganado en frescura y originalidad. Hay una armónica convergencia de su historial hacia lo no racional, lo sacro y lo divino. Como todo arte las palabras no existen, para sentirlo es necesario vivirlo, experimentarlo! Sentirlo! No te lo pierdas, realmente vale la pena, parafraseando a la curadora…………. es una pasada! Eso si, después déjame tu comentario si?